Ander Avellaneda: “No es fácil ser entrenador. Es una responsabilidad brutal”

Cuando entrevistas a un entrenador de fútbol debes evitar caer en los tópicos. No creo en las preguntas eternas (las he hecho alguna vez) que se refieren al carácter del técnico ¿duro o blando?, a su capacidad de riesgo ¿defensivo u ofensivo?, al trato del balón ¿manejo cuidadoso o patadón y tente tieso?. Con Ander Avellaneda he preferido pisar la tierra y tratar de entender el porqué de una decisión. Cuando la mayoría no hace ascos a perpetuarse en el mismo banquillo, él defiende que su ciclo (en este caso en Tolosa) ha terminado.

Siempre hay una, o muchas. Las razones de una decisión que no es habitual en el mundo del fútbol.

-Pues sí. Parece que en esto del fútbol tienes que tener algo atado con otro club para tomar esta decisión. Mi razón es muy sencilla. Lo primero que quería era ser honesto conmigo mismo. Y también con el club que me ha dado la oportunidad de comenzar esta carrera como entrenador.

Hablamos de ciclos que comienzan y terminan. Entendías que había llegado el momento de decir adiós al banquillo de Berazubi.

Así es. Comienzo un proyecto hace tres años con una serie de objetivos. Estaba claro que en lo deportivo era el ascenso, pero quería ir más allá. Había cosas internas, más mías, que deseaba lograr. Mantener una ilusión constante en los jugadores a base de trabajo, entrenamientos trabajados, que fueran competitivos, respetuosos, comprometidos con el equipo y club. Ese era un reto. No es fácil conseguir estas cosas cuando juegas por amor al arte. Las temporadas son largas y mantener eso cuesta. Y a parte, al conseguir los objetivos deportivos, me di cuenta que llegaba mi final.

Es el equipo de tu casa. Se acumulan las vivencias. Un ascenso, dos eliminatorias de Copa y el club se mantiene en la categoría. Seguirá en Tercera…

-Han sido años muy intensos. El primero estuvimos a punto de ascender. El segundo lo conseguimos a base de trabajo y creer. Ahora hay un equipo joven, con ganas de demostrar que están capacitados para competir en una Tercera División de las más exigentes de los últimos años.

Cuando uno empieza, cree en sí mismo pero sabes que pueden surgir dudas, desencuentros en las cosas que no controla. ¿Qué has aprendido en estos últimos años?

– Cada entrenador tenemos nuestras ideas, pensamientos,.. Todas tienen que ser muy respetadas. Pero sí que es verdad que mandan los resultados, y eso hay que saber gestionarlo. Primero uno consigo mismo y después con el equipo. Piensas que sabes mucho, y cada día aprendes una cosa. Personalmente, creo que donde más he aprendido, o mejorado, ha sido en contar hasta tres antes de tomar decisiones durante un partido. Creo que esto también es porque vas adquiriendo experiencia.

Lo que más te ha costado, lo más difícil en esta travesía ha sido…

Lo tengo claro. Soy tolosarra y conocía a todos o casi todos ya que al estar metido en este mundo ves partidos, torneos de cuando eran pequeños,… y les tengo un cariño especial. Siempre les decía que eran mis hijos adoptivos, y entonces, cuando debía decidir en las convocatorias, los onces iniciales, los cambios,… no era fácil porque aparte del nivel que ofrecían en los entrenamientos era una locura. Me vienen a la cabeza dos partidos. El once que decido contra el Pontellas y el día de la Copa contra el  Valladolid. Se me hizo duro.

Mientras uno es futbolista, disfruta, se compromete, pero los problemas se quedan en el vestuario. Cuando cambias de acera, los problemas van contigo y martillean la cabeza. ¿Merece la pena ser entrenador?

-Me he dado cuenta que  cada día me apasiona más. Lo vivo muy intensamente. Es una sensación única. Yo creo que va un poco en la persona. No es fácil ser entrenador. Es una responsabilidad brutal. Pero aprendes muchas cosas las cuales puedes equipararlas o aplicarlas a la vida real. No es fácil, como tampoco desconectar de todo una vez que estas con la familia o cuando estas de vacaciones. Siempre dan vueltas las preocupaciones o las cosas que debes analizar.

Tomas la decisión de decir adiós al Tolosa. Avisas con tiempo y a nadie le pilla de sorpresa. Un tránsito desde la naturalidad. Muchos entrenadores, probablemente, no te entiendan.

– La decisión estaba muy meditada y me gusta hacer bien las cosas. Por lo menos, como a mí me gustaría que me las hicieran. Es cierto que ha sorprendido la decisión un poco en el pueblo, ya que las cosas iban bien y no entendían. Pero lo que más me ha llamado la atención es que la gente da por hecho que tienes que tener otra cosa para haber actuado así. Y fíjate que tengo unas  ganas terribles de entrenar, pero a día de hoy no cuento con un equipo.

Existe gente ávida de ocupar un banquillo. No lo disimulan. Necesitan no salir de la rueda. Justo lo contrario a lo que has hecho…

-La gente tiene miedo de no poder tener un equipo cada año. Como te dicho antes, llevo tres años entrenando. No he hecho nada, pero también soy consciente de que arriesgo al tomar esta decisión sin saber que me depara en el futuro. Tengo mucha ilusión en disponer de nuevos retos y poder seguir progresando y mejorando.

¿Esa decisión supone que cuelgas las botas? ¿Es un año sabático? ¿Estás en el mercado porque quieres experimentar otras vivencias?

-Por supuesto que quiero seguir entrenando. Lo que no impide que me dé cuenta de cómo son las cosas y que crea que debo cambiar de aires. Soy muy exigente conmigo mismo y con el jugador. Mi objetivo está en sacar lo mejor de cada jugador y así se lo transmití hace tres años a los txabales. Uno de los objetivos principales era hacerles mejores jugadores. Y todo eso desgasta. Me parece clave saber parar.

Los entrenadores pueden ser de diferentes maneras. Unos dan prioridad a lo físico y a lo táctico; otros se preocupan mucho por la gestión grupal; otros se encierran en una burbuja…Ander sabe cómo es.

-Me considero un entrenador cercano, empático: Me gusta tener información de cada uno de los jugadores, cómo están,… en todos los sentidos. Todo eso ayuda a que haya una mayor confianza. A partir de ahí, de ese punto de partida, me gusta trabajar todos los aspectos en su medida pero le doy prioridad a lo que he comentado al principio.

Desde fuera parece que transmites calma. Si fueras un vino, hablaríamos de gran reserva para saborearlo despacio. Ahora, turno para Mikel Arruabarrena, que sería un cava espumoso, burbujeante, es diferente en la forma de ser.  ¿Los entrenadores se adaptan a las plantillas o viceversa?

Como te he dicho antes, me gusta la intensidad. En los partidos estoy muy encima del jugador, me gusta transmitirles confianza, seguridad,… pero el exceso a veces no es bueno. También creo que he aprendido en esto. Soy de la opinión que el entrenador se tiene que amoldar al equipo y darle sus pinceladas. Hoy en día cada vez más.

De todos los momentos vividos, unos te pertenecen. Son tuyos. En lo bueno y en lo malo, cuáles son tus recuerdos imperecederos.

-Sobre todo los buenos momentos ¿no?…El día del ascenso y las dos eliminatorias de copa. Creo que haber podido vivir todo eso en tres años, es como para sentirte orgulloso y recompensado por el trabajo realizado. El día del Valladolid en la Copa, ver a mi familia disfrutando y a mi cuadrilla en primera fila fue muy bonito. Transmitían felicidad.

Este virus, guste o no, ha obligado al deporte, al fútbol en este caso, a hacerse preguntas y a adaptarse a nuevas realidades. Cuando se habla de una reestructuración se piensa poco en la real capacidad de los clubes para afrontar el nuevo reto. ¿Cómo lo ves?

Todo ha sido muy rápido. No nos imaginábamos nada igual. Está claro que lo principal es la salud de cada uno de nosotros y el fútbol es secundario. Pero también hay que decir que a categorías como Segunda “B” y Tercera no se les concede la importancia que tienen. El fútbol es negocio y ya se ve a qué le dan prioridad.

Dicen que el próximo campeonato comenzará sin espectadores y que hasta enero de 2021 la gente no podrá aplaudir a su equipo. Quienes viven del bar del campo, de las rifas, de las cuotas y taquillas, van a pasar apuros para sostenerse.

Va a afectar a todos los clubes, a unos más que a otros. Los clubes que trabajen bien la cantera, irán un pasito por delante, ya que una de las vías de solución la tienen en casa. El fútbol no se entiende sin publico pero creo que no va ser lo que más afecte a los equipos, lo que supone el ingreso de taquillas, rifas,.. Van a ser claves las ayudas de las empresas, publicidad, etc. Deben ir a más.

En la lista de rumores que circulan por Irun para ocupar el banquillo de Gal ha sonado tu nombre. ¿Aceptarías un toro con semejantes cuernos? ¿O prefieres una escalera con menos peldaños?

-En este mundo se escuchan muchos rumores pero te tengo que decir que nadie me ha llamado de Irun. Conozco algo el club de mi etapa como jugador. Me veo  capacitado para entrenar, sabiendo la repercusión que tiene el club. No nos olvidemos que al final es un equipo de fútbol compuesto por futbolistas. Y eso es lo que realmente me gusta: entrenar.

Esta es una historia que comenzó hace tres años, que se prolonga en el tiempo, pero que cambiará cuando sea posible con nuevos proyectos. Hablaba, al principio, de preguntas rutinarias. Coexisten muchas más. ¿Un buen futbolista puede ser un gran entrenador? ¿Y uno más normalito? En esta circunstancia, cuando un club llama a tu puerta, no se fijan en el apellido o en la influencia mediática sino en la creencia de que está capacitado para sacar un proyecto adelante. Si lo logra, el mérito es mucho mayor. No sé si el entrenador nace, pero es evidente que se hace. Ander Avellaneda eligió una hoja de ruta en la que no hay ni autopistas, ni grandes avenidas.

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