Aitor Gorrotxategi: “Hay una parte en mí que ama la presión. Es un privilegio sentirla”

Un escritor de Irun, Luis de Uranzu, publicó un libro “Lo que el rio vio”, un recorrido por la tierra que surca el Bidasoa. Aitor Gorrotxategi conoce bien esas aguas, como las del Guadalquivir, que se ha convertido en su hábitat desde que salió de casa hace cinco años. Según las horas y las luces, los reflejos pueden ser de plata, oscuros, azules, con claros y sombras, como la carrera de un deportista. En este caso, piragüista de aguas tranquilas, aunque él sea un motor en estado permanente de ebullición. Acaba de comprobar que el esfuerzo se premia y será de la partida en los próximos campeonatos de Europa y del Mundo, en categoría Sub-23, después de ganar las correspondientes plazas.

Hasta diciembre no cumplirás 23 años. Formas parte de un deporte en el que el rendimiento llega bastante tarde. El camino es largo…

-El camino está siendo (y espero que sea) largo, la verdad. Suelen decir que la madurez deportiva de un piragüista viene alrededor de los 27 años donde coinciden el cuerpo en su máximo potencial y la cabeza con una experiencia suficiente para afrontar los retos deportivos.

Seguro que se necesitan éxitos en ese recorrido para seguir adelante y confiar en las propias fuerzas…

-Para seguir adelante, sin duda, se necesita motivación constante y los resultados suelen ser un buen aliciente para que éste se mantenga alto. Aun así, no puedes depender de los éxitos para seguir adelante. Cierto es que, con el tiempo y la experiencia, consigues una confianza y madurez en el entrenamiento y la competición.

Conseguir plaza en los europeos de Polonia y en el mundial de Portugal, categoría Sub-23 no es una nimiedad ¿Cómo lo valoras?

-Para nada, Este es mi último año en la categoría Sub-23 y conseguir las plazas para participar en K1 (individualmente) era lo que me faltaba para cerrar de una manera redonda esta etapa. Pienso que me va a ayudar a crecer mucho el enfrentarme solo a unas competiciones de tal calibre.

Todo pasaba por tu rendimiento en Trasona. ¿Cómo afrontaste las pruebas? ¿Dudabas o estabas convencido de la conquista?

-Las dinámicas de los selectivos son muy duras. Son como los exámenes. Una oportunidad, apruebas o suspendes. Además hay que añadir que compites contra tus compañeros de equipo y eso siempre es duro ya que, para que uno consiga el objetivo, mucha gente cercana se queda fuera. La prueba la afronté con ganas, Llevaba más de un año sin ponerme en una línea de salida de un evento importante y notaba que esas sensaciones estaban un poco olvidadas. Las primeras carreras fueron duras psicológicamente pero cada vez me encontraba mejor y más confiado.

Eres muy expresivo y compartes lo que sientes y llevas por dentro. Dijiste que habías necesitado mucha ayuda esta temporada.

-Cualquier deportista de alto nivel necesita mucha ayuda, mucha gente implicada para poder llevar a cabo su actividad, entrenadores, fisioterapeutas, familia… Lo que pasa es que el año pasado yo sufrí una lesión bastante grave. Pasé por quirófano en junio del 2020 y desde entonces he estado rodeado de muchísima gente para que la recuperación y la vuelta a la competición de alto nivel me fueran posibles. Por eso dije que he necesitado mucha ayuda esta última temporada.

Pero añadías también que siempre ha habido alguien para dártela.

-Por suerte, mi familia me apoya y confía en mí al 100% y mi equipo de entrenadores y fisioterapeutas han estado conmigo para que todo fuera bien. Les estoy muy agradecido.

No sé si eres un elegido, pero vives en Sevilla en el Centro de Alto Rendimiento. El Guadalquivir es tu segunda casa. ¡O la primera! Naciste al lado del Bidasoa y entrenas en el más grande. ¿Son ríos diferentes? ¿Uno más exigente que el otro?

-Desde el primer día que llegué (hace 5 años ya) a Sevilla he considerado que tengo mucha suerte. Hay muchos deportistas que quieren una plaza en el equipo nacional y yo estoy ocupando una. Además Sevilla está considerado el mejor sitio de Europa para hacer piragüismo, buen clima, río sin corrientes, instalaciones adaptadas al piragüismo y remo… El Bidasoa es un río precioso también, con unos paisajes increíbles y desembocadura en el mar, cosa que Sevilla suple con su paso por el centro de la ciudad. Diferentes, pero muy bonitos los dos. En cuanto a exigencia en Sevilla el entrenamiento es mucho más profesional, cada vez que salgo al agua es para trabajar y exigirme lo mejor; cuando entreno en el Bidasoa suelen ser las semanas y los periodos de descarga. Asocio el Bidasoa con el descanso y Sevilla con el trabajo.

Cuando coges tu piragua, vas en solitario, ¿En qué piensas?

-¡Depende del momento! Paso tanto tiempo en la piragua que a veces pienso en el gesto técnico, el entrenamiento, el vaciarme… pero otras veces lo uso como vía de escape después de un día duro.

¿Merece la pena tanto sacrificio? ¿Alguna vez has pensado en tirar la toalla?

-Yo considero que en mi caso sí merece la pena. Los sacrificios que hago, estar lejos de casa, amigos y familia, perderme planes , fiestas, días especiales, dedicarle todo ese tiempo, llevar el cuerpo al límite… son cosas que veo recompensadas porque disfruto mucho de mi situación actual. Entrenar me gusta, vivo en una ciudad maravillosa, sigo formándome en la universidad y además cada año tengo la oportunidad de viajar y competir con los mejores del mundo de mi deporte.

Conozco palistas de aguas tranquilas. Sacrificados y soñadores como tú. Que han pasado por todo tipo de momentos. Muchos no fueron fáciles. Podría hablarte de Ekaitz Saiés, Iñigo Peña, todos con mucha más experiencia ¿Atiendes sus consejos? ¿El margen de mejora de Aitor es grande o estás en los límites?

-¡Sin duda! Tengo una relación excelente con los dos. Intento empaparme cual esponja de todo lo que pueda aprender de referentes que tenga cerca. Pienso que el margen de mejora existe en Aitor, todavía. Puede que la mejora pase por la dedicación exclusiva al deporte (cuando baje un poco el ritmo de los estudios) o que venga al promocionarme al equipo absoluto. Lo descubriré…

En una preparación conviven lo físico, lo técnico, incluso la táctica de cada regata. Sin embargo, a veces nos olvidamos de la cabeza y del corazón ¿En tu caso?

-Nunca, Desde hace años trabajo con psicólogos durante el periodo de entrenamiento y sobretodo el periodo de competición. En el deporte de alto nivel hay que cuidar cada detalle. Sobre el corazón es más difícil hablar de preparaciones pero sin duda influye el hecho de estar contento y disfrutando con el camino que se recorre día a día.

¿Cómo son los paisajes desde el agua? ¿Te fijas en los sitios? ¿Te quedas con alguno?

-Son “otro rollo”. Me encanta subirme a una piragua en cada viaje que hago y quedarme con la vista desde el agua de cada sitio que voy. Ir a una ciudad como Luxor en Egipto y vislumbrar desde el mítico Río Nilo los templos egipcios fue una pasada.

No me digas que pasar por debajo del puente de Triana no supone un subidón…

-La inmensa mayoría de las veces que paso debajo del puente de Triana me toca ir pensando en el entrenamiento, aunque a veces, cuando tocan días de descanso y salimos a pasear, cabe recalcar que la vista de Sevilla desde el río es preciosa. Muchas veces pienso que hay gente que viaja y paga mucho para ver esa estampa con la que me despierto yo todos los días.

Un selectivo como el de Trasona es jugárselo todo a una carta. ¿Cómo llevas la presión?

-La presión siempre es complicada de llevar, a nuestra cabeza le gusta pensar más de la cuenta la mayoría de veces. Siento que con el tiempo controlo mejor mis emociones, aunque siempre he sido muy sereno a la hora de competir. También tengo que decir que como todo deportista hay una parte en mí que ama la presión, es un privilegio sentirla, porque eso demuestra que estás ante una situación importante y decisiva para ti.

Ganar la medalla de bronce, en el K-2, con Eneko Egiguren, lo calificas como “una de las sensaciones más grandes que te ha pasado en el deporte”. ¡Tantos años entrenando y compitiendo juntos! ¿Cómo fue el abrazo? ¿Qué os dijisteis?

-El grito al llegar a meta lo debieron escuchar en Irun. Ganar medallas siempre es un subidón, pero si además la compartes con un amigo que se montó contigo el primer día que probaste este deporte, la felicidad se multiplica. A estos niveles de categoría absoluta, muchas de las embarcaciones rivales son frutos de “fichajes” (no como en el fútbol ni mucho menos, pero de palistas que han cambiado de clubes por diferentes motivos) por lo que suelen juntarse gente de mucha calidad en clubes potentes. Nosotros somos dos amigos que el primer día que montamos juntos nos caímos al agua de lo mal que íbamos!!

Vivimos momentos complicados en la relación social. Apenas nos podemos desplazar, compartir cosas con los cercanos…¿Quién recibió tu primera llamada tras lograr la plaza para Polonia y Portugal?

Mi primera llamada fue en este caso para mi Aita, que se pasó toda la tarde mirando los resultados a ver que había hecho su hijo… La segunda, como no, para mi Ama. Los dos son un apoyo fundamental para todo lo que hago.

Espero poder ir a Sevilla algún día. Aunque conozco sitios, me dejaría guiar por ti. Elige el lugar en el que compartiríamos unos platos y aquel en el que suena buena música

-Me apunto los deberes…

Compites en una modalidad en la que remas tú solo y otra en la que compartes barco. ¿Qué prefieres y dónde te sientes más seguro?

-Son dos mundos diferentes, solo creces mucho, tienes que enfrentarte a los rivales y a ti mismo, la satisfacción es plena cuando obtienes resultados. En equipo es diferente, las estás respaldado, trabajas con otras personas y para eso tienes que desarrollar habilidades muy importantes también, además como he dicho antes, las emociones en equipo se multiplican. Personalmente prefiero los barcos de equipo; el K4 siempre será mi embarcación favorita.

El estudiante de física no renuncia a la química, a la buena, a la que se relaciona con el disfrute del deporte que ama. Es un chaval sencillo, al que le puedes conquistar con una tortilla de patatas o que te deja estupefacto cuando me recomienda un libro. En su caso, ¿Qué es la vida?, un ensayo del austriaco Erwin Schrödinger en el que conviven la biología, la física y un poco de filosofía.

Quienes le conocen bien destacan su calidad humana y la metodología personal en la hoja de ruta de sus actividades. Creen que dispone de todos los argumentos para convertirse en un piragüista de los grandes. Sus dos hermanas pequeñas, su padre, Santiagotarrak, el entorno de Aitor desprenden aromas de grandes conquistas con su barco. También los cercanos valoran la capacidad de compaginar deportes y estudios. No le falta mucho para acabar la carrera de Física que no es moco de pavo. Quizás ese día se atreva a bailar sevillanas y a recordar el trago duro que supuso la operación del pectoral que le mantuvo alejado muchos meses de una de las razones que dan sentido a su vida.“Gorrotxa”va por la buena senda.

 

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