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No es habitual que un periodista de la información deportiva compita en la élite de la especialidad que ama. En concreto, el remo. Jon Ander de la Hoz (Getaria, 1992) pone letra en el diario Berria y la música de su voz suena en Euskadi Irratia. Es un espléndido remero de estribor en la trainera que ocupa parte de su corazón. Eso sólo es posible a base de sacrificio, disciplina personal, metodología, compromiso y profesionalidad. Contado así, parece fácil. En los últimos meses ha acumulado muchas vivencias en su mundo inseparable de persona y remero. Necesitará tiempo para gestionar las emociones que han llenado su vida. La última, junto a sus compañeros, en el ascenso a la ACT. En tierra de navegantes, con la alargada sombra de Juan Sebastián Elkano como fondo del paisaje, “La Esperantza” llegó a buen puerto con los marineros, metiendo poco ruido, abrazados por la conquista.

Cuando acaba una temporada tan exitosa, plagada de victorias, recibimientos y balcones, qué pasa por tu cabeza.

-En los primeros instantes se siente una especie de jolgorio en el estómago. Es como si levitaras aun teniendo los pies sobre la tierra. Se libera la tensión de los días precedentes y estalla el júbilo. Es un arrebato eufórico, más pasional, pero la alegría duradera, la felicidad razonada, llega según pasan los días y asimilas que has llevado a tu equipo, a tu pueblo, a cotas que no conocía hasta la fecha. Es entonces cuando se abre un nuevo escenario por descubrir. Cuando gente que ha vivido otras épocas te muestra su agradecimiento, te das cuenta de la importancia del objetivo logrado. Es la mezcla de dos tipos de felicidad: una de adrenalina, momentánea, y la cabal, más calmada pero de más valor.

Un periodista como tú podría escribir la mejor crónica, porque nadie sabe lo que sucede dentro de una trainera, un vestuario, un compromiso. De todo lo que has vivido ¿con qué te quedas?

-Es complicado quedarse solo con una cosa. Han sido tantas las emociones de la temporada… El ascenso a la ACT fue la guinda del pastel cocinado durante todo el año, la obtención tanto de la liga como del Campeonato de España han sido la flor y nata del verano, y, además, hemos cosechado las banderas que creíamos más importantes y bonitas de la liga –Getaria no ganaba en casa desde el 2007–. Pero, en realidad, la bandera de homenaje a Andoni Galarraga fue la masa de la tarta, donde se cuajaron el resto de las victorias y empujó al equipo hacia arriba. Aquél día liberamos mucha carga, el silencio que reinaba minutos antes de salir a calentar era muy elocuente. Por todo lo que significa, me quedo con aquel día: el 20 de junio, segunda jornada de la ARC. No tuvimos paz hasta lograr aquello, y después todo fue rodado.

Visto desde fuera no era fácil adivinar que Getaria fuera a protagonizar semejante temporada. Un campeonato de España, un título en la ARC 1 y un ascenso a la élite. ¿Eres capaz de descubrirnos las claves de semejante temporada?

– Creo que hay varios factores que se han unido. En el ámbito deportivo, lo primero fue aguantar en el grupo de cabeza en las primeras jornadas. Mantener la tensión fue clave para no descolgarse. Y según avanzaron las regatas, el equipo afinó la remada. Después, el hecho de que casi todos los finales ajustados cayeran de nuestro lado: eso nos permitió ganar varias banderas (Camargo, Zumaia, las dos de Getaria… todas, excepto la de Castro), obtener muchos puntos vitales, y, sobre todo, insuflarnos la moral. Creo que ahí estuvo la mano del preparador físico más el ímpetu del equipo. Porque creo que esa ha sido la otra clave: la unión del equipo, el conocimiento mutuo, la misma procedencia, el ir todos a una. En definitiva, el valor añadido de la cantera.

No es fácil en una pincelada hacer esa valoración pero quisiera que destacases cómo son tus compañeros, el grupo de remeros que tiráis de la Esperantza por babor y estribor.

– Es lo que más me ha sorprendido: que este bloque haya logrado este éxito. Creía que era un equipo en construcción, pero me han demostrado que tiene los cimientos bien apuntalados. Recuerdo lo que pensé mientras desembarcábamos el día de la clasificatoria de la Kontxa, cuando quedamos décimos a 13 segundos de entrar: “Quitando al entrenador soy el segundo más mayor, y cumplo hoy los 29 años. En un futuro, si sigue este equipo…”. Fíjate, dos semanas antes del play-off pensaba en clave de futuro, pero me han demostrado que no, que ya son realidad. No por haber subido, sino por cómo han gestionado la temporada. Hay gente muy madura ahí.

Habéis protagonizado una pequeña revolución. Muchos vecinos vuestros os han seguido a todas partes, cada vez más, os han empujado y celebrado los éxitos. Después de tantos meses de ostracismo, ayudar a que la gente sea feliz…no tiene precio.

-Siempre nos han apoyado, pero es cierto que el ambiente que se ha formado últimamente ha sido brutal. Vivo en la parte vieja del pueblo, mis padres también, y no podía cambiar de calle para ir a su casa sin que me pararan unas tres veces. Creo que las características del equipo empujan a ello: de los 19 componentes, 16 hemos nacido y crecido en Getaria, en las calles que van desde el alto de Garate hasta el muelle. La tripulación prácticamente se compone de tres cuadrillas. Eso se refleja en la afición: somos sus amigos, sus hijos, sus primos, sus compañeros de clase, sus amigos de fiesta…

Más allá de vuestro inmenso esfuerzo, creo que es justo destacar a Ion Larrañaga, vuestro preparador y compañero de bancada.

-No exagero si te digo que Ion ha entrado en la historia del remo getariarra por la puerta grande. Ha logrado lo que ningún otro, exceptuando aquellas cinco Kontxas de hace más de cien años. En tres años ha amoldado el equipo a su medida y lo ha llevado a cotas insospechadas cuando comenzó como entrenador. Ni él ni nadie de los 2.800 habitantes de Getaria pensaban esto, pero ha sabido hacer del trabajo una virtud. Ha tenido muchísima paciencia, y yo personalmente le estoy muy agradecido, por la paciencia que tuvo conmigo también, tras volver yo de un parón. Este año ha sacado lo mejor de mí, ha sido la temporada en la que mejor he remado, y creo que su influencia es clara.

Además es remero de estribor como tú y casi lo llevas pegado a tu espalda. ¿se sienten sus bufidos? O es uno más cuando toca competir.

– Es uno más cuando toca competir, y lo es aún más cuando toca entrenar. Eso resume su modo de hacer, algo que nos ha inculcado a todos los compañeros y ha sido, quizás, lo que nos ha dado ese plus. Nos exige mucho, pero él se exige aún más. Sufre porque lo lleva en la piel.

¿Cuándo os disteis cuenta de que lo que habéis logrado estaba al alcance de la mano?.

– En lo referente al ascenso, al principio del tercer largo. Cuando el patrón nos dio la referencia de dos segundos a favor, creo que sin decir nada todos interpretamos que no se nos escapaba. El cuarto largo lo disfruté como nunca: ahí no había cansancio. Antes del tercer largo tuvimos mucha cautela, bien los días previos, bien en días de competición.

El mérito es indudable, sobre todo después del palo que supuso para todos la muerte de vuestro compañero Andoni Galarraga en un accidente.

– Lo de Andoni supuso un palo muy gordo. Inmenso. El equipo estuvo junto, pero cada cual lo vivió a su manera. Yo recuerdo aquella sensación de las primeras horas tras su muerte: aquél vacío, aquella sensación fría y metálica. Desgraciadamente, se nos han ido muchas personas queridas en los últimos meses. Unas doce entre madres, abuelos, tíos y demás. Haciendo de tripas corazón, hemos salido adelante.

En aquel momento apareció el compañero  y el periodista. Me gustó mucho lo que escribiste. Más o menos… nos quedaremos aquí intentando dar paladas en lágrimas saladas. Nuestros caminos no se separan. Estarás allí con los marineros de la Esperantza…

– Es que parece un tópico, pero no lo es: Andoni era la bondad personificada. La sonrisa entre las barbas. Recuerdo la penúltima regata que remé junto a él, en Castro, el año pasado. Con muy mala mar, le costaba sacar la palada y me mojó varias veces. Le eché tal bronca al final… y el tío se descojonó, me dio una palmadita en la espalda, y me dijo: “Hiiiii… baina helburua lortu diu, ez? Orduan laaaaasai, motel!”. Acabamos descojonándonos los dos: yo mojadísimo, y él haciendo como que me secaba con la toalla, de cachondeo. Era un tío muy equilibrado en todos los sentidos, de esos con los que puedes ir al monte o echarte una farra hasta el amanecer

Como profesional de la información deportiva viviste en Sevilla el triunfo de la Real en la final de Copa. Vi dos fotos tuyas. Una con Imanol y la otra agarrando el trofeo por las asas. ¿Tus vivencias personales en tu trabajo y en el remo se parecen en algo?. Cuando reflexionas sobre las experiencias con qué te quedas…

– Las vivencias se parecen en que los dos son procesos que quieres ejecutar a la perfección. Tienen diferentes ritmos, pero un artículo, una entrevista o una crónica es como esa barra de pan que amasas con la mano y sirves al cliente ya envuelto en papel. Y todos los días vuelta a empezar. En el remo el proceso es más largo. Cuando las cosas salen bien, las satisfacciones son distintas, pero igual de sentidas. Creo que sabes de lo que hablo. Me quedo con las dos; amo las dos vertientes, y lo más difícil es mantener el equilibrio entre periodista y remero. Intento no mezclarlos.

El presente dura lo que dura porque el futuro acecha. ¿Por dónde pasa lo inmediato en Getaria camino de la ACT?

– Somos conscientes de que nos costará Dios y ayuda hacernos a la competición, pero por ahora no hemos empezado a hacer cálculos. No ha pasado ni una semana: aún estamos de resaca.

¿Podrás seguir remando? ¿Temes que las ofertas lleguen a tus compañeros y la trainera pierda tripulantes?

– Espero poder seguir remando, pero todo dependerá de ese equilibrio que te comentaba antes. Sabes que en nuestra profesión solemos ir a contracorriente. En lo referente al equipo, yo solo puedo hablar de mí: yo no me moveré. Hay buenos tripulantes y es posible que ahora, o con el tiempo, tengan ofertas. En mi caso, nadie me ha llamado, no creo que lo hagan, y de hecho, desde mi más profundo respeto, es una llamada que este año se pueden ahorrar. He remado en todas las categorías de traineras con Getaria cuando mi sueño era hacerlo en la máxima con ese mismo club. Para el año que viene, nada anhelo más que vestirme de marrón en la Eusko Label. Además, creo que la mayoría de los compañeros pensamos parecido, así que no, no temo que nadie se marche por ahora. Y si se fueran lo respetaría, no soy nadie para decir lo que tienen que hacer. Pero no es mi caso.

Quizás esta pregunta debiera haber ido mucho antes. El trabajo de los directivos no se reconoce casi nunca. En un club como el vuestro es impagable…

– De hecho, serán de todo menos directivos. Las directrices las reciben ellos: haced esto, lo otro… Son la pieza indispensable en el engranaje de este club, también el saco de los golpes. ¡Fíjate que los mejores masajes de este año me los ha dado el presidente! Mi pareja dice que parece todo –técnico, aguador, mecánico– menos el presi. Es de recibo agradecérselo a Xabier Goikoetxea, alma mater del club. Pero también a los demás: Basurto, Pio, Azpeitia, Lalo, Urbieta… Sin ellos esto sería imposible.

El primer abrazo en los momentos estelares es con el compañero de tosta. A tu izquierda, Aimar Iraola. Le llevas ocho años, presente y futuro. ¿Te acuerdas lo que le dijiste?

– Fíjate como es la composición de nuestro equipo que Aimar es mi vecino de abajo. Un chaval al que le conozco desde siempre, de cuando comenzaba a caminar, y me ha adelantado sin poner los intermitentes. Aimar es presente, y sobre todo es futuro: él está en sus inicios, y ahora lo ve bonito, como es normal. Solamente le dije que disfrutara el momento. Se lo merece él y se lo merecen todos estos jóvenes. Viene una hornada potente y quiero estar junto a ellos.

¿Escribirás un día un gran artículo contando lo que has vivido en estos últimos meses, desde dentro, en el “yo muy personal” de Jon Ander?

Algo ya hubo en su día… tengo muchos archivos del club en la bodega… Ahí lo dejo, por ahora, hasta que me salga de las tostas. ¡Que no llego a todo!

Hace unos años, cuando decidí dar un paso lateral en mi actividad informativa, recibí su llamada. Quería entrevistarme. Nos sentamos en una terraza al lado del puerto de Getaria. Sonaban los barcos, lucía el sol y el salitre se dejaba notar. Era la primera vez que nos veíamos. Llegó con las preguntas preparadas, el grabador con las pilas puestas y un punto de incredulidad por las dos partes. El entrevistador, entrevistado. Pasado este tiempo, ahora llegaba mi turno. Se ve que el tiempo enseña, refuerza las firmezas y apuntala los soportes de una personalidad que destaca con humildad. Lo he tenido mucho más fácil que él y el testimonio que acaba de compartir con todos nosotros es muy enriquecedor, porque descubre el talante de la persona, la ley de su racional corazón y la seguridad de que va por el buen camino. Amigo de sus amigos, profesional en todo lo que asume y futuro cargado de proyectos. Como le dije hace pocos días ¡No cambies!

(Foto: EuskoLlabel Liga)