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Comencé en el año 1959 a ver partidos de fútbol. Obviamente, in situ, porque ni televisión, ni gaitas. Cuando veo fotos de las gradas de los campos guipuzcoanos de fútbol, abarrotadas hasta las banderas, siento nostalgia, porque aquellos llenos hoy están vacíos. Desde entonces fui seleccionando los gustos por un tipo de fútbol. Pasión por los extremos que desbordan por fuera, por sus centros y por los cabezazos del killer de turno. La lista de “finisheurs” es enorme, aunque ese estilo de jugador se va perdiendo. Ahora los técnicos quieren gente que aguante la pelota, juegue de espaldas a la portería, caiga a las bandas, sea versátil, presione y rece un avemaría si le da tiempo. El corsé de lo táctico frente a la libertad.

Imanol Agirretxe pertenecía a la dinastía de los acorazados. Cuando marcaba un gol me encantaba destacar el protagonismo de “la tanqueta de Usurbil” Recuerdo el día en que debutó en Getafe. Esta semana se han cumplido diecisiete años de aquella experiencia. Al acabar el encuentro le entrevisté. Entre nervioso y asustado se defendió como pudo. Seguro que en aquel momento hubiera deseado pegarse con un central al uso que responder a mis preguntas. En el camino compartido desde entonces fuimos rompiendo barreras y, gracias a su confianza, pude descubrir no un “9” sino un “10” como persona que, al final, es a lo que más valor le doy de la travesía con deportistas. Es imposible que alguien te hable mal de él. Desde que decidió retirarse, ese perfil de delantero en clave txuriurdin no lo he encontrado.  De los vigentes, Sorloth. De los que apuntan, Karrikaburu.

Supongo que no saben ni quién soy, ni a lo que me dedico. Así que os dejo claro que la relación personal con ellos es la misma que la de un ciudadano de Olazagutia que va al fútbol y se fija en él. En el caso del navarro, ignoro qué ha sucedido en los últimos tiempos, pero me siento perdido. No hace demasiados días ocupó portadas que me descolocaron a raíz de unas declaraciones El hecho de haber sido convocado para el partido ante los gaditanos y las declaraciones del entrenador me sosegaron. Disfruto con su juego, con sus remates, con la fortaleza y el poderío de su forma de ir a las disputas. Sé que hasta septiembre no cumplirá 20 años y que por tanto le queda mucho por aprender, para ser mejor y alcanzar los sueños, pero creo en él. Así que, sin ponerme ni rojo, ni colorao, soy de Karrikaburu. ¿Qué queréis que os diga?

Venimos de donde venimos, de no meter un gol ni al arco iris, de perder puntos y puntos por no sentenciar jugadas de libro. Sería ventajista por mi parte pedir la presencia del baztandarra.  Era previsible que no contara con minutos ante los gaditanos. Entre otras cosas porque su equipo, el Sanse, se está jugando las pestañas y hoy juega una final ante el Almería y su mayor responsabilidad está ahí en este momento, tratando de dar la mejor respuesta a su equipo, a sus compañeros y a la confianza de su entrenador cuando le alinea. El técnico cuidó a los chicos del filial. No tiró de ninguno de ellos, así que los Lobete, Ander Martín, Djouahra y Turrientes están a disposición de Xabi Alonso. Ojalá consigan salvarse, porque sería un remate monumental a todos sus esfuerzos y trajines. Se han ganado a pulso seguir siendo de plata de ley.

El otro corazón valiente (Braveheart) es Sorloth. Como no pertenezco al mundo de Aramis Fuster, ni dispongo de bola mágica, ignoro por dónde pasa su futuro, ni cuáles son los planes del club respecto de él. Hace goles imponentes y se le escapan otros que parecen fáciles. Le pasó frente al Cádiz. Abrió la lata felizmente para la suerte de su equipo, dispuso de un mano a mano con el portero contrario, en el tiempo de prolongación, que no fue tanto de milagro y se fajó los noventa y tantos minutos sin racaneos, ni escaqueos. Cuando mete un gol y sus compañeros le abrazan, ausente Le Normand, aparece como Gulliver, gigante inmenso, por encima de todos, sin alardes, ni euforias desmedidas, ni nada que se relacione con los triunfalismos.

Como al partido llegábamos con la mosca detrás de la oreja, conseguir un triunfo marcando tres goles, dejando una vez más la puerta “a cero” y sumando tres puntos de tronío, logrado el objetivo, solo queda aplaudir y formar parte del abrazo que se pegaron los técnicos al finalizar el encuentro. Buena culpa de esa alegría le corresponde a David Silva que volvió a protagonizar una actuación de escándalo, imponente, cautivadora y feliz. Confirmada su renovación, contar con un jugador de semejante voltaje sabe a gloria bendita, aunque los años le pesen y haya tiempos a lo largo del curso en los que no pueda lucir tanto. Éste es también de los que agarra el timón y no lo suelta.

Liberados de tensiones y agobios de última hora, se trata de confirmar en qué competición europea va a jugar el equipo año. ¿La misma de este año o la que sabe a pera?. Será clave el partido del domingo en Villarreal. “Iremos a ganar” respondía Januzaj cuando le preguntaban al respecto. En cambio, hubo menos rotundidad en la respuesta sobre su futuro. Se deja querer entre carantoñas y cucamonas. Pone cara de niño travieso, sonríe y deja entrever que no realizará mudanza este verano, salvo que cambie de casa en la misma ciudad. Escuchó los aplausos de la gente que le quiere cuando le sustituyó Cristian Portu. Le hicieron un penalti flagrante. Agarró el balón de los once metros, el penalti con el que estrenar su casillero de goles en la presente temporada y se liberó, no hay duda, cuando su remate subió al marcador para redondear un año estupendo de todo el colectivo. Es lo que me parece. ¡Qué queréis que os diga!

Apunte con brillantina: Esta semana, en uno de los puestos de verduras que visito habitualmente, asomaban unas bolsitas con guisantes del país. Ni una línea, ni una etiqueta. Nada. No hablaban, pero se intuía un cómeme, cómeme. Bendita tentación en la que caí. Con unas patatitas y algo de cebolla muy picada, sin jamón, los hice en un santiamén. Luego, un par de huevos escalfados y no mucha sal ¿Cómo estaban? Cojonudos (con perdón).

Supongo que no saben ni quién soy, ni a lo que me dedico. Así que os dejo claro que la relación personal con ellos es la misma que la de un ciudadano de Olazagutia que va al fútbol y se fija en él. En el caso del navarro, ignoro qué ha sucedido en los últimos tiempos, pero me siento perdido. No hace demasiados días ocupó portadas que me descolocaron a raíz de unas declaraciones El hecho de haber sido convocado para el partido ante los gaditanos y las declaraciones del entrenador me sosegaron. Disfruto con su juego, con sus remates, con la fortaleza y el poderío de su forma de ir a las disputas. Sé que hasta septiembre no cumplirá 20 años y que por tanto le queda mucho por aprender, para ser mejor y alcanzar los sueños, pero creo en él. Así que, sin ponerme ni rojo, ni colorao, soy de Karrikaburu. ¿Qué queréis que os diga?

Venimos de donde venimos, de no meter un gol ni al arco iris, de perder puntos y puntos por no sentenciar jugadas de libro. Sería ventajista por mi parte pedir la presencia del baztandarra.  Era previsible que no contara con minutos ante los gaditanos. Entre otras cosas porque su equipo, el Sanse, se está jugando las pestañas y hoy juega una final ante el Almería y su mayor responsabilidad está ahí en este momento, tratando de dar la mejor respuesta a su equipo, a sus compañeros y a la confianza de su entrenador cuando le alinea. El técnico cuidó a los chicos del filial. No tiró de ninguno de ellos, así que los Lobete, Ander Martín, Djouahra y Turrientes están a disposición de Xabi Alonso. Ojalá consigan salvarse, porque sería un remate monumental a todos sus esfuerzos y trajines. Se han ganado a pulso seguir siendo de plata de ley.

El otro corazón valiente (Braveheart) es Sorloth. Como no pertenezco al mundo de Aramis Fuster, ni dispongo de bola mágica, ignoro por dónde pasa su futuro, ni cuáles son los planes del club respecto de él. Hace goles imponentes y se le escapan otros que parecen fáciles. Le pasó frente al Cádiz. Abrió la lata felizmente para la suerte de su equipo, dispuso de un mano a mano con el portero contrario, en el tiempo de prolongación, que no fue tanto de milagro y se fajó los noventa y tantos minutos sin racaneos, ni escaqueos. Cuando mete un gol y sus compañeros le abrazan, ausente Le Normand, aparece como Gulliver, gigante inmenso, por encima de todos, sin alardes, ni euforias desmedidas, ni nada que se relacione con los triunfalismos.

Como al partido llegábamos con la mosca detrás de la oreja, conseguir un triunfo marcando tres goles, dejando una vez más la puerta “a cero” y sumando tres puntos de tronío, logrado el objetivo, solo queda aplaudir y formar parte del abrazo que se pegaron los técnicos al finalizar el encuentro. Buena culpa de esa alegría le corresponde a David Silva que volvió a protagonizar una actuación de escándalo, imponente, cautivadora y feliz. Confirmada su renovación, contar con un jugador de semejante voltaje sabe a gloria bendita, aunque los años le pesen y haya tiempos a lo largo del curso en los que no pueda lucir tanto. Éste es también de los que agarra el timón y no lo suelta.

Liberados de tensiones y agobios de última hora, se trata de confirmar en qué competición europea va a jugar el equipo año. ¿La misma de este año o la que sabe a pera?. Será clave el partido del domingo en Villarreal. “Iremos a ganar” respondía Januzaj cuando le preguntaban al respecto. En cambio, hubo menos rotundidad en la respuesta sobre su futuro. Se deja querer entre carantoñas y cucamonas. Pone cara de niño travieso, sonríe y deja entrever que no realizará mudanza este verano, salvo que cambie de casa en la misma ciudad. Escuchó los aplausos de la gente que le quiere cuando le sustituyó Cristian Portu. Le hicieron un penalti flagrante. Agarró el balón de los once metros, el penalti con el que estrenar su casillero de goles en la presente temporada y se liberó, no hay duda, cuando su remate subió al marcador para redondear un año estupendo de todo el colectivo. Es lo que me parece. ¡Qué queréis que os diga!

Apunte con brillantina: Esta semana, en uno de los puestos de verduras que visito habitualmente, asomaban unas bolsitas con guisantes del país. Ni una línea, ni una etiqueta. Nada. No hablaban, pero se intuía un cómeme, cómeme. Bendita tentación en la que caí. Con unas patatitas y algo de cebolla muy picada, sin jamón, los hice en un santiamén. Luego, un par de huevos escalfados y no mucha sal ¿Cómo estaban? Cojonudos (con perdón).