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Si este sábado, el entrenador de la Real Sociedad alinea en Elche a Aritz Elustondo, el defensa alcanzará la cifra de 200 partidos oficiales defendiendo la camiseta blanquiazul. Ese color le acompaña desde que se inició en el fútbol con la camiseta del Beasain, punto de partida de una carrera en la que se ha dejado la piel.

Hoy, es uno de los capitanes del equipo, juega en el lateral o en el centro de la defensa. Marca paso y ayuda a los jóvenes a seguir el camino, porque sabe mejor que nadie qué pasa y con que se encuentra. Le hizo debutar Moyes en un partido de Copa ante el Oviedo en Anoeta, diciembre de 2014. Allí empezó todo. Coincidió entonces con el «otro» Elustondo, Gorka.

Los dos de Beasain, pero sin relación de parentesco. Aritz, desde entonces, ha convivido con muchos jugadores que se quedaron en el camino, que soñaban como él en alcanzar el primer nivel. Es guipuzcoano, dentro y fuera de la cancha. Casi siempre es el primero en abrazar al compañero que marca un gol, por lejos que le pille la jugada. Jugador prototipo, fiable y entregado a la causa que defiende y en la que cree. «Estoy muy orgulloso de jugar 200 partidos con la Real». Su siguiente reto es alcanzar los 300 y su sueño, los 599 de Alberto Górriz, pero para eso queda mucho tiempo y que las lesiones le respeten. Los últimos años no ha sido fáciles en ese sentido.

Aritz no ocupa grandes titulares en los medios de comunicación. Tampoco le preocupa mucho, porque su vida es tranquila, de poco alboroto. Esa es una virtud que en la Real siempre se valoró. Aunque durante muchas temporadas jugara con el «15» tiene poco de niña bonita. Ahora, con el «6»sigue siendo el mismo futbolista que se estrenó como goleador en el Santiago Bernabeu, con un cabezazo inolvidable. Los buenos momentos y los que no lo han sido le pertenecen. Muy celoso de su intimidad, expresa lo que siente, incluso en las situaciones tristes como la salida de un compañero del equipo, el adiós del vestuario (Isak, por ejemplo). Ésta es la persona que envuelve al futbolista, el que puede sumar 200 partidos a sus espaldas, si el entrenador le da bola ante los ilicitanos. Creo que es bueno conocer de verdad al jugador, quitarle el envoltorio como a los caramelos. Dentro siempre está lo mejor.